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Oposición de Júpiter 2007    

El 6 de junio de 2007 el planeta Júpiter se hallará en oposición, es decir, situado a su mínima distancia a la Tierra. Júpiter, el mayor de los planetas del sistema solar, constituye un cúmulo de oportunidades para realizar observaciones con todo tipo de instrumental.

 Imagen: localización de Júpiter al sur de la constelación de Ofiuco, prácticamente limitando con la constelación de Escorpio.

 La noche en la que se produce la oposición, Júpiter será visible toda la noche: saldrá por el horizonte Este justo cuando el Sol se esté ocultando por el Oeste. Durante el transcurso de la noche el planeta irá incrementando su altura en el cielo hasta culminar -momento en el que se alcanza la máxima elevación con respecto al horizonte- y descender progresivamente hasta ocultarse por el horizonte Oeste, justo cuando se acerque el amanecer. Aunque esta descripción corresponde a la noche de la oposición, el planeta podrá verse igualmente durante varios meses y en el transcurso de la mayor parte de la noche. Desde hace ya varios meses Júpiter sale por el horizonte Este pocas horas después de la puesta de Sol y durante los próximos meses -hasta aproximadamente mediados de noviembre del presente año- brillará como un astro destacado de magnitud -2.5 en la constelación de Ofiuco, perfectamente visible a simple vista.

 

¿Qué podemos observar en Júpiter con pequeños telescopios?
 
 Júpiter es un planeta muy adecuado para su observación con todo tipo de telescopios. Tanto con instrumentos de pequeñas como grandes aberturas podemos observar rasgos en el planeta y seguir la evolución de sus satélites galileanos.

 Con un telescopio pequeño (por ejemplo un refractor de 5 ó 6 cm de abertura o un reflector de 6 ó 8 cm de abertura es fácil distinguir algunas de las bandas y cinturones de nubes del planeta, así como sus cuatro satélites galileanos (Io, Europa, Ganímedes y Calixto). Los astrónomos principiantes tienen una oportunidad para observar la evolución de estos satélites en torno al planeta y comprobar cómo la posición aparente de los mismos en torno a Júpiter va variando en el transcurso de varias horas y de los días. Algunos fenómenos como ocultaciones o tránsitos de los satélites pueden observarse con cierta facilidad, si bien esto dependerá del tipo de telescopio con el que contemos.

Imagen: aspecto habitual de Júpiter y sus satélites galileanos observados mediate un pequeño telescopio.

 En lo referente a los detalles de la atmósfera de Júpiter, éstos pueden ser divididos en dos tipos: en primer lugar se puede hablar de las formas macroscópicas, entendiéndose por aquellas que serían análogas a los detalles que observamos a simple vista en nuestro satélite natural, la Luna, y que son perfectamente distinguibles con un pequeño telescopio. En segundo lugar, existen otras formas más detalladas que precisan de telescopios más potentes para observarse.

 La observación de la atmósfera de Júpiter depende fundamentalmente del telescopio que estemos empleando: cuanto mayor sea el diámetro del objetivo del mismo, mayor resolución y más detalle tendrá la imagen que nos llegará a la retina. De todos modos, lo más importante, más que la abertura del telescopio, es que la óptica del instrumento sea buena y éste se halle perfectamente colimado. El planeta, de hecho, no suele observarse con aumentos altos, utilizándose generalmente menos de 40x por cada 2.5 cm de abertura. Por ejemplo, 200x es más que suficiente para un telescopio de 20 cm. Hay que considerar además que cuanto más aumento empleemos -considerando un mismo telescopio- más borrosa se vuelve la imagen, perdiendo la nitidez que necesitamos para apreciar detalles en el planeta.

 Imagen: diagrama mostrando la diferenciación entre cinturones y zonas de la atmósfera joviana.

 Antes de centrarnos en las observaciones correspondientes al propio planeta, es necesario explicar dos términos que nos permitan comprender su dinámica: Júpiter es un planeta gaseso que observado por telescopio muestra una serie de bandas paralelas a su ecuador, correspondientes a sus formaciones atmosféricas más importantes. Algunas de estas bandas reciben el nombre de "cinturones", mientras que a otras se las denomina "zonas". ¿Qué diferencia hay en cada caso? La diferencia fundamental es que en los cinturones los vientos de desplazan en un sentido mientras que en las zonas estos se desplazan en sentido opuesto. Aunque ha transcurrido más de 4550 millones de años desde la formación del sistema solar, la energía térmica almacenada en Júpiter desde su formación es aún enorme. De hecho, Júpiter emite más energía de la que recibe del Sol y es esta energía emitida la que constituye el "motor" que genera una dinámica atmosférica muy activa. La rápida rotación del planeta y las corrientes de convección en el seno de su atmósfera generan regiones, unas en donde las masas de aire son ascendentes (zonas) y otras en las que son descendentes (cinturones).
 

 Imagen: diagramas esquemáticos de las bandas de la atmósfera joviana que nos puede servir como guía para saber la posición de los diferentes cinturones y zonas del mismo. Estos cinturones y zonas se referencian con siglas. Se recomienda consultar estas imágenes al leer el texto posterior.

Nota importante: en estos esquemas se presenta el Sur en la parte superior y el Norte en la inferior, pues corresponde a la habitual imagen invertida que obtenemos al observar a través de un telescopio.

 Si bien las bandas son prácticamente estables, entre los diferentes cinturones y zonas se producen intercambios de materia que dan lugar a formaciones atmosféricas que pueden llegar a ser perfectamente observables a través de telescopios. En algunos casos el origen concreto de estas formaciones es bastante claro, pero existen aún muchas cuestiones sin responder acerca de la dinámica y química de la atmósfera, motivo por el cual la observación de Júpiter es constante por parte de los aficionados y profesionales: la aparición de una nueva formación atmosférica, la fusión de dos o más o los cambios de color de las mismas son pistas que nos ofrecen datos muy interesantes acerca de la naturaleza del medio joviano. Por ejemplo, a mediados-finales de la década de los ’90 desapareció una de las bandas australes sin que los científicos supiesen exactamente el porqué. Las observaciones de los aficionados y profesionales fueron determinantes para estudiar el fenómeno. Otro ejemplo más reciente ha sido la aparición de una mancha roja ovalada en la superficie gaseosa, evento observado en 2006. De hecho, el aspecto en detalle de Júpiter es tan cambiante que en realidad no hay medios profesionales suficientes para realizar un seguimiento continuo de la actividad del planeta, con lo cual el trabajo de los aficionados es crucial para realizar dicha monitorización. Si queremos efectuar este tipo de trabajo será necesario permanecer muchas horas a pie del telescopio, bien realizando dibujos de su superficie o empleando la fotografía digital (principalmente cámaras CCD y un posterior tratamiento digital de las imágenes), de manera que podamos registrar el aspecto de su superficie gaseosa.

 En lo que se refiere al propio planeta, lo primero que saltará a la vista cuando lo observemos con cualquier tipo de telescopio es que no se trata de un cuerpo esférico, sino más bien achatado, efecto causado por la rápida velocidad de rotación (aproximadamente 10 horas). Lo siguiente que nos llamará la atención serán sus formaciones nubosas, causadas por los poderosos vientos y fuerzas en la atmósfera de dicho mundo. Empleando un telescopio modesto y con aumentos moderadamente altos, es posible distinguir cinco estructuras principales: la Región Ecuatorial (EZ), las Bandas Ecuatoriales Norte (NEB) y Sur (SEB), así como las Regiones Polares Norte (NPR) y Sur (SPR). Estas regiones pueden ser más claras u oscuras, dependiendo también de la transparencia del cielo y de la óptica con la que contemos. De esta forma, las dos regiones polares y las zonas templadas y tropicales, así como la región ecuatorial son ejemplos de zonas brillantes. En cambio, como contraste a estas zonas destacan los cinturones oscuros, los cuales pueden variar de espesor y contraste dependiendo de factores intrínsecos de la atmósfera joviana.

 Hay que tener en cuenta que Júpiter es un planeta muy cambiante, que en el transcurso de las estaciones y de los años puede mostrar cambios importantes en la atmósfera, algunos especialmente llamativos. Además, durante el transcurso de nuestras observaciones hay que tener en cuenta el estado del cielo, la transparencia de la atmósfera o la presencia de la Luna, factores que juegan un papel importante en la nitidez y calidad de la imagen de Júpiter. No obstante, es necesario señalar que la mayor parte de los cambios atmosféricos jovianos precisan del empleo de telescopios más potentes para poder ser observados.


 
¿Qué observaremos en Júpiter con telescopios mayores?

 Dependiendo de la transparencia atmosférica y del tipo de telescopio que estemos utilizando, más detalles en la atmósfera de Júpiter pueden ir emergiendo. Por ejemplo, un telescopio de 75 mm de diámetro puede llegar a mostrarnos otras bandas y cinturones, como los Cinturones Templados Norte (NTB) y Sur (STB) o las Zonas Tropicales Norte (NTZ) y Sur (STZ). De esta forma, vemos que cuando comenzamos a mejorar la calidad de nuestro telescopio el planeta Júpiter va presentando un aspecto más espectacular, aunque un tanto más complicado si queremos saber qué rasgos concretos estamos observando.

 Imagen: el aspecto de Júpiter observado con un telescopio más potente nos revela detalles más delicados.

 Si hacemos uso de un telescopio aún mayor, por ejemplo un refractor o reflector de 100 ó 150 mm, llegan a ser visibles otros tres cinturones: el Cinturón Ecuatorial (EB) y los Cinturones Templados Norte-Norte (NNTB) y Sur-Sur (SSTB). De este modos, un total de siete cinturones podrán ser visibles con ese instrumental, existiendo seis bandas situadas entre dichos cinturones: las Bandas Ecuatoriales Norte (NEZ) y Sur (SEZ), las Bandas Tropicales Norte (NTrZ) y Sur (STrZ) y las Bandas Rempladas Norte y Sur (NTZ y STZ, respectivamente). Además, en algunas ocasiones veremos que la zona ecuatorial del planeta se divide en dos zonas que reciben el nombre de Zona Ecuatorial Norte (EZn) y Zona Ecuatorial Sur (EZs).

 Uno de los rasgos más famosos y llamativos que también podemos observar con altos aumentos es la denominada Gran Mancha Roja (RS ó GRS) , situada en el borde austral de la banda ecuatorial sur (SEB). Al tratarse de una estructura más localizada en la atmósfera de Júpiter, no siempre es observable, ya el 50% del tiempo se sitúa en el hemisferio del planeta que queda fuera de nuestra vista. No obstante, debido a que la velocidad de rotación de Júpiter es tan rápida, es fácil y probable llegar a observarla en el transcurso de una noche completa. La Gran Mancha Roja alberga una segunda estructura más pequeña, la llamada "cavidad de la Gran Mancha Roja", que divide la Banda Ecuatorial Sur en dos sub-bandas más delgadas y otra más brillante entre estas dos: a las dos primeras, oscuras, nos referimos como Banda Ecuatorial Sur norte (SEBn) y Banda Ecuatorial Sur sur (SEBs), mientras que la región mas brillante entre estas dos suele denominarse SEBz (zona de la Banda Ecuatorial Sur). Las SEBn, SEBs y SEBz se consideran formas semipermanentes, pues desaparecen cuando el planeta rota y la Gran Mancha Roja queda fuera de nuestro campo de visión; además también sufren variaciones en su tamaño, forma y aspecto con el tiempo.

Imagen: diagrama esquemático de la Gran Mancha Roja y cinturones y bandas próximas.

 Otra forma recientemente estudiada es la llamada "Mancha Roja Junior" o "Pequeña Mancha Roja" (Red Spot Jr): ésta es resultado de la fusión de tres óvalos blanquecinos que se conocían desde finales de los años ’30 y que durante la década de los ’90 se fusionaron en una única forma. Esta nueva mancha roja, con un tamaño de una tercera parte de la Gran Mancha Roja, fue descubierta en 2006 por el astrónomo aficionado Christopher Go. A principios de dicho año fue adquiriendo un color rojizo y desde entonces está siendo monitorizada por aficionados de todo el mundo, así como por profesionales, habiendo sido además estudiada con el Telescopio Espacial Hubble y con la sonda espacial New Horizons durante su acercamiento a Júpiter en febrero-marzo de 2007.

Imagen: un ejemplo de una imagen de Júpiter obtenida con una cámara CCD y los rasgos distinguibles en la misma.

 Existen además un número importante de formas atmosféricas visibles en Júpiter cuando las condiciones de observación son óptimas, algunas en el límite de resolución del telescopio y que son difíciles de apreciar. Muchas de ellas son de corta duración, pues corresponden a fenómenos atmosféricos que tan sólo duran unos pocos días o semanas y a veces algunos meses. Cuando se producen no reciben ningún nombre en especial, sino una designación particular una vez se confirma su presencia: óvalos, festones, bahías, jirones... nombres que explican de por si el aspecto de estas formas que en algunos casos no son más que texturas en el seno de las zonas o los cinturones, mientras que otros corresponden a formaciones más discernibles. La monitorización de todas estas formas, así como de los detalles internos de las bandas, es una buena manera de determinar la actividad del planeta en un periodo de tiempo determinado.
 
 
El color en Júpiter

 Uno de los rasgos más llamativos al observar el planeta Júpiter, sobre todo con buenos telescopios, es que es posible distinguir cierto grado de color. Las tonalidades anaranjadas o ligeramente marrones son identificables a simple vista, pero llegan a ser destacadas cuando efectuamos observaciones empleando instrumental avanzado, como cámaras CCD.

 Los filtros de color que se adaptan a los oculares pueden permitirnos incrementar el contraste en determinadas áreas de la superficie del planeta. No obstante, aunque los filtros sean útiles para realizar nuestras observaciones, no significa que sean efectivos en todos los casos: una imagen con poca nitidez no va a mejorar en absoluto por el hecho de emplear los mejores filtros disponibles en el mercado, pues el papel de los filtros es mejorar el contraste pero no incrementar la nitidez.

 La regla general para elegir el filtro adecuado para la observación es seleccionar aquel que tenga el color opuesto a las formas que queramos distinguir. Por ejemplo, la Gran Mancha Roja se suele observar con filtros azules (como los Wratten 82A, 80A ó 38A). Los filtros anaranjados-rojizos (Wratten 21, 23 ó 25) se emplean frecuentemente para mejorar el contraste de las zonas con tonalidad azulada, como las proyecciones o festones que se aprecian habitualmente en el borde sur de la Banda Ecuatorial Norte. Otros filtros como los Wratten 12 (amarillo medio) u 8 (amarillo brillante) mejoran el contraste de las regiones polares o de los óvalos que se observan ocasionalmente en las regiones templadas australes. No obstante, aunque estos complementos pueden servirnos de ayuda en circunstancias determinadas y concretas, lo más recomendable es llevar a cabo la mayor parte de nuestras observaciones sin emplear filtro alguno.
 
 
 
 
Más información (e imágenes) acerca de la observación de Júpiter:
http://www.britastro.org/jupiter/index.htm
http://jupiter.cstoneind.com/

Más información sobre la Pequeña Mancha Roja:
http://redspotjr.christone.net/

La nota es gentileza de Astroenlazador:  http://www.astroenlazador.com/article.php3?id_article=622

 

 

 

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