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Otras formas de
ver la Luna
Nuestro satélite natural ha sido
uno de los cuerpos más estudiados por la Humanidad, debido
principalmente a su cercanía a la Tierra y su visibilidad: los
estudios se remontan ya a los griegos, que fueron capaces de
determinar su movimiento, distancia a la Tierra y tamaño.
Posteriormente, en 1610, Galileo sería la primera persona que
observaría detalles en su superficie empleando su telescopio,
hacia 1611: de este astrónomo procede la denominación de
"mares" (maria) a las zonas oscuras de nuestro satélite
natural y la apreciación de que la superficie de la Luna
estaba cubierta por cráteres.

Después de Galileo, muchos
fueron los observadores que estudiaron la Luna: a finales del
siglo XVII ya se habían publicado más de 25 mapas de la
superficie lunar. La primera fotografía de la Luna se tomaría
en 1840, y aunque las observaciones visuales continuarían
durante varios años -al tener el ojo humano mayor resolución
que los medios fotográficos, que siempre perdían detalles
debido a las fluctuaciones atmosféricas- la técnica se iría
imponiendo frente a los estudios visuales a través de
telescopios.
Este siglo, en los años ’60,
se obtuvieron espectros de la superficie lunar, lo cual ayudó
enormemente en el conocimiento de su naturaleza y composición.
Durante esa misma década y en la siguiente, la Astronáutica
sufriría un gran desarrollo y la exploración de la Luna se
llevaría a cabo desde sondas no tripuladas -orbitadores y
vehículos de aterrizaje- y naves tripuladas por
astronautas.
Estamos acostumbrados a
observar la Luna en el espectro visible, es decir, a verla con
el aspecto que presenta cuando miramos al cielo durante la
noche o en el día, pues nuestros receptores oculares sólo
perciben la radiación del espectro visible. Pero, ¿qué aspecto
presentaría la Luna para otros ojos capaces de observarla en
otras longitudes de onda? ¿Cómo se nos mostraría nuestro
satélite natural en infrarrojo, ondas de radio, rayos
ultravioleta, X ó gamma?
Aunque nuestros ojos no son
capaces de detectar la radiación en dichas longitudes de onda,
tanto los observatorios terrestres como las sondas espaciales
o satélites artificiales han sido diseñados para poder
estudiar la radiación existente en el Universo que nosotros
nos podemos ver. ¿Cómo han visto la Luna? ¿Qué aspecto
presenta?
La Luna en ondas de
radio
Esta imagen coloreada de la
Luna vista en ondas de radio fue realizada por el National
Radio Astronomy Observatory (Virginia, EEUU). Las zonas rojas
presentan mayor emisión en ondas de radio y representan áreas
más calientes de la superficie lunar, mientras que las zonas
azules emiten con menor intensidad y representan zonas más
frías. Claramente se puede interpretar que cuando fue tomada
esta imagen, el Sol estaba iluminando la Luna desde el Este
(izquierda).
Infrarrojo, una puerta hacia la
composición química
Esta fotografía en
infrarrojo fue obtenida por el satélite MSX (Midcourse Space
Experiment) durante un eclipse total de Luna que se produjo en
septiembre de 1996. La imagen se tomó justo cuando nuestro
satélite se encontraba inmerso en la sombra terrestre y nos
muestra qué regiones se hallan más calientes o más frías. La
luz infrarroja presenta una longitud de onda más larga que la
luz visible, de tal forma que aunque no la podemos ver sí la
podemos percibir como calor. En la imagen, los puntos
brillantes son cráteres de impacto, siendo Tycho el más
destacado de ellos, situado en la zona inferior. La región
oscura -y por tanto, más fría- en la zona superior izquierda
es el Mare Crisium. Este tipo de imágenes permite determinar
la curva de enfriamiento para áreas con carecterísticas
geológica diferentes, pudiendo conocer de esta manera las
propiedades físicas de nuestro satélite natural.

Por otro lado, la observación
de la Luna en el infrarrojo cercano nos muestra este aspecto.
Se trata de una misma imagen sin colorear y otra coloreada,
realizadas por la sonda Galileo, durante uno de sus
sobrevuelos a la Tierra, el 7 de diciembre de 1992, antes de
dirigirse hacia el planeta Júpiter. La toma revela variaciones
composicionales entre las diferentes regiones de la misma. Las
regiones oscuras en la zona izquierda y en la parte inferior
son mares lunares, mientras que aquellas brillantes se tratan
de tierras altas. La toma en blanco y negro empleó longitudes
de onda en infrarrojo cercano, es decir, justo por debajo del
rojo del espectro visible. En la toma coloreada -que no es más
que la misma imagen en blanco y negro que a la que se le ha
añadido color para resaltar aún más las diferencias- las áreas
en color azul indican una fuerte absorción -ricas en olivino y
piroxenos- mientras que las amarillas, de menos absorción,
corresponden a composiciones más variadas de estos minerales.
La temperatura de la superficie lunar varía entre 130ºC
durante el día hasta los -110ºC en la noche. Estas diferencias
tan significativas se deben a que nuestro satélite carece de
atmósfera capaz de moderar las temperaturas.
Ultravioleta, un
aspecto borroso
Esta fotografía de la luna
en radiación ultravioleta fue obtenida por el Telescopio de
Imagen Ultravioleta alojado a bordo de la carga de pago
"Astro-2" que transportó el transbordador espacial Endeavour a
la órbita terrestre en 1995. Tal como se puede apreciar, la
apariencia general de la superficie lunar en el ultravioleta
es similar a las imágenes en el visible que estamos
acostumbrados a ver, salvo en el hecho de que la resolución en
este caso es menor. Las áreas más brillantes en el
ultravioleta corresponden a aquellas regiones en las cuales se
ha expuesto la superficie materiales nuevos del interior, por
ejemplo, las eyecciones próximas a los cráteres de impacto
Tycho en la zona sur.
Además del estudio de los
diferentes tipos de superficies en base a la reflectividad de
esta radiación ultravioleta, las observaciones en este rango
de longitudes de onda también resultan de utilidad para
obtener datos acerca de la composición química superficial de
la Luna. La imagen izquierda fue obtenida por el satélite EUVE
(Extreme Ultraviolet Explorer), en las longitudes de onda más
cortas del ultravioleta (UV extremo), y sirvió como
información para obtener datos composicionales y texturales de
los materiales superficiales de nuestro
satélite natural, los cuales
hacen variar la intensidad de la radiación emitida por la Luna
en función de su orientación relativa al Sol. La imagen
derecha fue realizada justo después de un eclipse de Luna, el
10 de diciembre de 1992. Es posible apreciar cómo las regiones
brillantes se correlacionan con las tierras altas y las
oscuras con los mares lunares.
Rayos X, un brillo
difuso
La Luna presenta un borroso
aspecto en rayos X. Esta radiación está asociada a fenómenos
muy energéticos, de tal forma que no debería resultar extraño
pensar que nuestro satélite natural no se muestre muy
brillante al ser observado en esta radiación. De hecho, al
satélite ROSAT le resultó posible tomar esta imagen debido a
que la Luna se encuentra muy cerca de la Tierra, de tal forma
que podemos detectar la débil radiación X que se origina desde
la cara sobre la que incide la luz solar. La cara de la Luna
no iluminada por el Sol también emite cierta radiación, aunque
sólo un 1% de la iluminada, posiblemente a causa de electrones
energéticos que impactan contra la superficie.
El Observatorio de Rayos X
Chandra también ha estudiado la emisión de la Luna en esta
longitud de onda: los rayos X lunares son causados por el
fenómeno de la fluorescencia, un proceso similar al de la
producción de luz en lámparas fluorescentes. Los rayos X solares bombardean la superficie
lunar, golpeando los electrones de los orbitales internos del
átomo y disponiéndolos en estado altamente
inestable. Casi inmediatamente, otros electrone s rellenan
los "huecos" creados, transformando en este proceso su energía
en rayos X fluorescentes, los cuales
pueden ser detectados con el Chandra. De hecho, gracias a las observaciones de la cara iluminada de la
Luna realizadas dicho observatorio se ha detectado oxígeno,
magnesio, aluminio y sílice sobre un gran área de la
superficie de ésta. La abundancia y distribución de estos
elementos permite corroborar y aportar más datos acerca de la
historia geológica lunar.
La Luna en rayos gamma
brilla a veces más que el Sol
Si pudiesemos ver la Luna en
rayos gamma, ésta aparecería más brillante que el Sol. ¿A qué
se debe esto?
Los rayos gamma son un tipo
de radiación electromagnética, tal como la luz visible, pero
con 100.000 veces la frecuencia de ésta. La peligrosidad de
esta radiación es bien conocida; de hecho, los rayos X -muy
dañinos también- sólo tienen una centésima parte de la
frecuencia de los rayos gamma
¿A qué se debe el brillo de
la Luna en el espectro gamma? Los rayos cósmicos, partículas
cargadas de alta energía, bombardean constantemente la
superficie de nuestro satélite natural, generando rayos gamma.
Estos rayos cósmicos proceden tanto del Sol como de fuentes
situadas más allá del Sistema Solar y no pueden llegan a la
superficie terrestre gracias a la protección que proporciona
la atmósfera de nuestro planeta. El proceso que ocurre en la
Luna es el mismo que tiene lugar en laboratorios de física de
altas energías como el Fermilab, el CERN, etc. La Luna produce
suficientes rayos gamma como para mostrar un "resplandor"
observable por instrumentos sensibles a esta longitud de onda
que se encuentren situados fuera de la atmósfera
terrestre
Distintos satélites
artificiales han observado la Luna en esta longitud de onda
tan energética y han constatado que su brillo es muy alto.
Esta imagen -un conjunto de ocho tomas realizadas entre 1991 y
1994- fue captada por el Telescopio Experimental de Rayos
Gamma Energéticos (EGRET) situado a bordo del satélite
Compton. No se observan rasgos en el disco lunar porque los
telescopios situados en el Compton no contaban con suficiente
resolución como para apreciar detalles. Si nuestra vista
detectase este tipo de radiación, veríamos un astro brillante
sobre un fondo de rayos gamma procedentes de nuestra galaxia
Vía Láctea, algunas radiogalaxias, quasares y algunas fuentes
aún no identificadas. Pero curiosamente uno de los objetos que
a veces resulta muy débil en esta radiación es el Sol, cuando
se halla en baja actividad. En cambio, algunas regiones de
nuestra estrella sí se hacen bien visibles en rayos gamma en
los momentos en los que tienen lugar
fulguraciones.
Gentileza:
Astroenlazador.com
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